
– ¿Para buscar qué, exactamente?
– Cualquier cosa que nos dé una pista sobre de quién es y de dónde procede… y cuántos años tiene.
– ¿Para qué? -inquirió Curt entornando los ojos para manifestar su intriga.
Siobhan se puso en pie.
– Quizá no sea el profesor Gates el único aficionado a los rompecabezas con algo de historia.
– Más le valdrá ceder, doctor -dijo Rebus sonriente-. Es la única manera de quitársela de encima.
– Eso me recuerda a alguien -dijo Curt mirándole.
Rebus abrió los brazos y hundió los hombros.
SEGUNDO DÍA: MARTES
Capítulo 3
A falta de otra cosa que hacer, Rebus fue por la mañana al depósito donde ya estaba en marcha la autopsia del cadáver no identificado. En la galería de observación había tres bancos separados por una mampara de cristal de la sala de autopsias. Era un lugar que a ciertas personas les revolvía el estómago, quizá por el diseño clínico de sus mesas de acero inoxidable con tubos de drenaje, los tarros y frascos con muestras, o el modo en que el procedimiento se asemejaba al del oficio de carnicero, sustituido en este caso por patólogos con delantal y botas de goma. Un local, memento de la mortalidad y al mismo tiempo de la naturaleza animal del cuerpo, un ser humano reducido a una masa de carne sobre una plancha de acero.
Había otros dos espectadores -un hombre y una mujer- que saludaron a Rebus con una inclinación de cabeza. La mujer se rebulló ligeramente al sentarse éste a su lado.
– Buenos días -dijo Rebus, saludando.
Curt y Gates trabajaban hombro con hombro al otro lado del cristal en cumplimiento del requisito legal de que dos patólogos realizasen la autopsia, reglamento que entorpecía aún más un servicio ya de por sí saturado.
