Davidson soltó una carcajada que hizo que las caras de detrás del cristal se volvieran a mirar. Levantó una mano en señal de disculpa y se tapó la boca con la otra. Wylie anotó algo en el Libro del homicidio.

– Te vas a buscar el arresto, Shug -comentó Rebus-. Bueno, ¿qué tal va el caso? ¿Hay indicios sobre algún sospechoso?

Fue Wylie quien contestó:

– En los bolsillos de la víctima sólo había calderilla, ni siquiera un juego de llaves.

– Ni ha aparecido ningún familiar -añadió Davidson.

– ¿Y el puerta a puerta?

– John, trabajamos en Knoxland -replicó Davidson.

Se refería a que se trataba de una barriada donde el vecindario no colaboraba; era como un rito tribal que pasaba de padres a hijos. Pase lo que pase, no se dice nada a la policía.

– ¿Y los medios informativos?

Davidson le tendió un tabloide doblado. El crimen no aparecía en primera página; sólo en la cinco había una información de Steve Holly: «misteriosa muerte de un solicitante de asilo». Mientras Rebus leía el artículo, Wylie se volvió hacia él.

– ¿Quién le mencionaría eso del solicitante de asilo?

– Yo no -contestó Rebus-. Holly se inventa las cosas. «Fuentes próximas a la investigación» -dijo con un bufido-. ¿A quién de vosotros se refiere? ¿O será a los dos?

– No nos busques las cosquillas, John.

Rebus devolvió el periódico.

– ¿Cuántos agentes trabajan en el caso? -preguntó.

– Pocos -contestó Davidson.

– ¿Ellen y tú?

– Y Charlie Reynolds.

– Y usted, por lo visto -añadió Wylie.

– Yo no apostaría mucho.

– Tenemos bastantes agentes de uniforme dedicados al puerta a puerta -añadió Davidson a la defensiva.

– Entonces, no hay problema. Caso resuelto -apostilló Rebus, viendo que la autopsia tocaba a su fin.

Ahora un ayudante cosería el cadáver. Curt les indicó con una seña que se verían abajo y desapareció por una puerta para ir a cambiarse.



34 из 401