
Rebus apretó el botón y las puertas se cerraron.
– Bueno, ¿y esa historia? -dijo Rebus.
Siobhan le explicó el caso en breves palabras y cuando terminó estaban ya en la galería exterior apoyados en la balaustrada. El viento soplaba con fuerza. Se veía el paisaje del norte y a lo lejos, al este, Corstorphine Hill y Craiglockhart.
– Fíjate cuanto espacio -dijo ella-. ¿Por qué no harían casas individuales?
– ¡Qué dices! ¿Y destruir el espíritu comunitario? -Rebus volvió el cuerpo hacia Siobhan para darle a entender que centraba toda su atención en ella. Ni siquiera fumaba en aquel momento-. ¿Quieres interrogar a Cruikshank en la comisaría? -preguntó-. Puedo sujetarle mientras tú le das una tunda.
– Al estilo antiguo, ¿no?
– Es una idea que siempre he considerado refrescante.
– Bueno, no es necesario. Ya le he dado un repaso… aquí -añadió tocándose la cabeza-. Pero gracias por tu propuesta.
Rebus se encogió de hombros y se volvió a mirar el paisaje.
– ¿Sabes que esa chica aparecerá si ella quiere?
– Lo sé.
– Técnicamente no es una persona desaparecida.
– ¿Tú nunca has hecho un favor a alguien?
– Tienes razón -contestó Rebus-. Pero no esperes resultados.
– No importa. Oye, ¿no ves ahí algo raro? -dijo ella señalando la torre del otro extremo en diagonal a su puesto de observación.
– Nada que no viera borracho de una pinta de cerveza.
– No hay casi pintadas en comparación con los otros bloques.
Rebus miró a la altura del suelo, y era cierto: las paredes enlucidas al estilo rústico de aquel bloque estaban más limpias.
– Es Stevenson House. Tal vez alguien del Ayuntamiento guarda buenos recuerdos de La isla del tesoro. La próxima vez que nos carguen una multa de aparcamiento la invertirán en limpieza de fachadas.
En aquel momento se abrieron las puertas del ascensor dando paso a dos uniformados con carpetas y aire de no estar muy por la labor.
