– ¿Steve Holly?

– Su periódico es una basura, pero lo lee mucha gente -dijo mirando a su alrededor-. ¿Está todo visto? -Siobhan asintió-. Pues vamos a decirle a Shug Davidson lo que hemos encontrado.

Davidson llamó por teléfono al departamento de huellas dactilares y Rebus le convenció para que le entregara una foto para difundirla en la prensa.

– Está bien -dijo Davidson sin gran entusiasmo, pero pensando en la posibilidad de que en el Departamento de Vivienda del Ayuntamiento constara el nombre del inquilino.

– Por cierto -añadió Rebus-, hay que descontar una libra del presupuesto porque Siobhan gastó una moneda en el contador.

Davidson sonrió, metió la mano en el bolsillo y sacó dos monedas.

– Ten, Siobhan; tómate algo con el cambio,

– ¿Y yo? -protestó Rebus-. Esto es discriminación de género…

– Tú, John, vas a darle una exclusiva a Steve Holly, y si no te invita a un par de cervezas merecerá que le expulsen de la profesión.


* * *

Cuando Rebus se alejaba en coche de la barriada recordó de pronto algo y llamó con el móvil a Siobhan, que también regresaba a Edimburgo.

– Es muy probable que me reúna con Holly en el pub, únete a nosotros si quieres -dijo.

– Parece tentador, pero tengo que ir a otro sitio. Gracias de todos modos.

– No te llamo por eso… ¿No podrías regresar al piso de la víctima?

– No. ¡Se te olvidó la linterna! -exclamó ella tras un silencio.

– Me la dejé en la encimera de la cocina.

– Pues llama a Davidson o a Wylie.

Rebus arrugó la nariz.

– Bah, no hay prisa. Nadie va a entrar a robarla en un piso vacío con la puerta rota. Seguro que en ese barrio son todos unos benditos temerosos de Dios.

– Lo que tú esperas es que se la lleven para ver qué pasa con los de la unidad especial, ¿a que sí?

Rebus la imaginó sonriendo.

– ¿Tú qué crees, que van a forzar mi piso para hacerse con algo en compensación?



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