
Jane esbozó una pícara sonrisa.
– ¿Vas a hacer un pastel?
– No seas mala. No soy tan mala cocinera. Pero te lo merecerías si lo hiciera. -Eve sonrió mientras se dirigía hacia la puerta-. Le diré a Joe que pare en Dairy Queen y que compre un pastel helado cuando volváis a casa.
– Mucho más razonable.
Eve miró de reojo a Jane sobre su hombro con algo de preocupación.
– Quizá demasiado razonable. Me pregunto si no te he hecho demasiado responsable, Jane.
– No seas tonta. -Cerró los ojos-. Algunas personas nacen responsables. Otras nacen incapaces de sentar la cabeza. No se puede hacer nada al respecto. ¡Por el amor de Dios!, ni siquiera eres mi madre. Buenas noches, Eve.
– Bueno, creo que ya me lo has dicho -murmuró Eve. Su mirada se fijó en un dibujo que había en el asiento de debajo de la ventana. Era un dibujo de Toby durmiendo en su cama junto a la chimenea-. Eso está muy bien. Cada día lo haces mejor.
– Sí, lo sé. No voy a ser una Rembrandt, pero ser un genio no es tan bueno como lo pintan. Siempre he pensado que dedicarse al arte era para los bichos raros. Yo quiero tener el control de cualquier carrera que elija. -Sonrió-. Como tú Eve.
– Yo no siempre tengo el control. -Apartó la mirada del dibujo para mirar a Jane-. Pensaba que querías ser adiestradora de perros de búsqueda y rescate como Sarah.
– Puede que sí. Puede que no. Creo que estoy esperando a que la carrera me elija a mí.
– Bueno, tienes mucho tiempo para pensarlo. Aunque tu actitud es un poco sorprendente. En general, siempre sabes exactamente lo que vas a hacer.
– No siempre. -Sonrió con picardía-. Quizá mis hormonas de la adolescencia se están interponiendo en mi camino.
Eve se rió entre dientes.
– Lo dudo. No te imagino dejando que algo se interponga en tu camino. -Abrió la puerta-. Buenas noches, Jane.
– No trabajes mucho. Has estado trabajando muchas noches en estas dos últimas semanas.
